MÚSICA SIN EDAD. SONS OF KTHULU.


Música sin edad es el proyecto que hemos montado con usuarios de la asociación para demostrar que el rock rompe el calendario. 

Lo de Sons of Kthulu empezó como empiezan las cosas que luego no se olvidan: con un nombre que parecía una broma privada y un ensayo desordenado un viernes cualquiera, de esos que no prometen nada. Una guitarra enchufada sin afinar, un bajo con las cuerdas sucias, un par de ideas sueltas flotando en el aire. Y, sobre todo, una mezcla improbable de edades, gustos y manías. El mayor pasaba de los sesenta. Los más jovenes no tienen aún carné de conducir. No apostarías un duro por un proyecto así, ¿verdad? 

Pero en Jardín de Estrellas, hace tiempo que aprendimos que la música no entiende de edades. Entiende de ilusiones. De urgencia. De esas ganas inexplicables de contar algo cuando el mundo parece sordo. Así nació Música sin edad, un proyecto cultural que disfrazamos de grupo de pop rock juvenil pero que en realidad es otra cosa: un refugio intergeneracional donde la pasión desactiva el calendario.

Juanra, el profe, lleva décadas en esto y aún se emociona con un buen riff. Nefta y Luis los más mayores, con esa mezcla de mentores y músicos volcánicos, ponen la experiencia.Y luego están ellos: los chavales; Noa, Carlota, Manu y Adri… cada uno con sus demonios, sus miedos y sus playlists repletas de contrastes. No vienen a aprender solo acordes. Vienen a encontrar una voz. A veces la suya. A veces la de sus compañeros. 

Ensayan una vez por semana. A veces, sin hay ríemelo, dos. Cero, si la vida se pone tonta. Pero cuando tocamos, pasa algo. No hablamos mucho entre canciones — no hace falta. Hay silencios que dicen más que un discurso. Y cuando suena ese primer compás, cuando todos entran a tiempo, se produce ese pequeño milagro: desaparecen las edades, los exámenes, los trabajos, los problemas. Quedan solo ellos. Y con eso, basta.

Música sin edad no es un lema bonito para colgar en un cartel pero si  una necesidad. Una respuesta frente a un mundo que insiste en separarnos por generaciones, como si no tuviéramos nada que aprender unos de otros. 

En Sons of Kthulu, los chavales enseñan tanto como aprenden. Y los adultos, cuando se sueltan, recuerdan lo que eran antes de volverse mayores.

El nombre surgió como una broma. Un guiño a Lovecraft, y a uno de los libros de Sergio, el presidente de Jardín de Estrellas, pero en el fondo, da igual cómo se llamen. Porque lo importante no es el nombre. Es lo que ocurre cuando suben al escenario. Y eso, creedme, no tiene edad.


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